La moda se dirige al exceso; por fin damos paso al maximalismo y la ostentación. La sobriedad y la discreción de la temporada 2024-25 ya no interesan. El quiet luxury no le importa a nadie: parecía atemporal, pero la gente se aburre. Queremos diseños llamativos, queremos artesanía; nos gusta que el lujo vuelva a enamorarse de lo sofisticado y de la emoción.

Japón nos impuso el minimalismo, pero los europeos nos aburrimos con tanta reducción. Lo barroco y lo intenso nos hacen soñar otra vez, alegran nuestra vista y los ojos se iluminan con los destellos y los brocados que deleitaban en Venecia o Versalles.

La película María Antonieta (2006) nos enamoró: sus zapatos, brillos, vestidos y telas exageradas (de hecho, su merecido Oscar al mejor vestuario) nos hacen palpitar el corazón, que vuelve a SOÑAR. Las perlas se colocan otra vez en su sitio: collares XL y excesivos. El malogrado robo de las joyas del Louvre nos ha hecho volver a amar a nuestra emperatriz, Eugenia de Montijo, adicta a las joyas, pero culta, guapa y desgraciada; aun así, nos enamoran sus excesos. No tengáis miedo al exceso, al barroquismo o a lo intenso; usad colores vibrantes y audaces.

El lujo ruidoso vuelve con sus grandes lazos, plumas, encajes y pedrería combinada con tejidos. ¿Os acordáis de las hombreras ochenteras? Pues están de moda total. Aunque Pantone nos hable del blanco roto, déjate llevar por combinaciones vibrantes con contrastes llenos de energía visual. Sigue soñando… Detalles nacarados, piedras de colores gigantes, al estilo de nuestras abuelas.

Vuelven los estampados florales: sigue los inolvidables años 80, repasa revistas de entonces y te ayudarán. Incluso los maquillajes: no tengas miedo a la raya verde o azul «mar Mediterráneo». Usa pamelas XL con adornos de flores; los dorados y plateados salen del armario y hasta se mezclan con el animal print de colores. El pitón luce a lo grande en cualquier accesorio.

No tengáis miedo al exceso, al brillo o al lujo. ¿Por qué esconderlo con el estúpido lujo silencioso? Ha hecho que nuestros cerebros estén uniformados y con un miedo atroz a lo bonito. Hemos estado anestesiados ante lo bello y lo suntuoso; parecía que soñar con lo exuberante y el lujo era un pecado y había que esconderlo. ¡Pobres diseñadores lo que han sufrido, y no digamos los fabricantes de tejidos! Estoy odiando el beige y los neutros: me producen tristeza.

Volvamos a soñar, vivamos con alegría y recemos para que el sol vuelva a brillar todos los días.